Estuve unas diez veces por lo menos con Fabi a lo largo de los últimos, diría, quince años, en todas sus sucesivas sedes. Yo soy medio raro (raro entre los raros) y ya casi no cojo a las nenus ni me dejo coger (bueno, poco). Sí chupo y me dejo chupar, manoseo, pajeo, me hago acabar en las tetillas. Fabi siempre me encantó, y a la vez me dio un poco de miedo, es como medio mandona y caprichosa y con manías como eso de que no le gusta que la chupen con saliva (¿cómo se hace?). Pero bueno, su pija es una delicia, su orto también. Para mí, habiendo tenido un recorrido bastante amplio en casi 35 años, está entre las mejores de la historia travisteril porteña, aun pese a sus caprichos. Yo igual fui teniendo buena onda, ayudado por mi generosidad creciente, y hace rato que nos entendemos bien. Es cierto que ya está baqueteada y no es lo que era, su hora de esplendor pasó, como pasa todo, ay.